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Conflicto generacional y transformación cultural
Coles
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Conflicto generacional y transformación cultural in Vernon, BC
By None
Current price: $1.99

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La hipótesis que orienta este ensayo puede formularse de la siguiente manera: el conflicto generacional no es un epifenómeno de la vida social, sino un proceso estructural de sustitución simbólica y renovación cultural . Con ello se quiere decir que la tensión entre generaciones cumple una función sistémica en las sociedades humanas: permite que los marcos de sentido, los valores dominantes y las formas de autoridad se renueven periódicamente sin que ello implique necesariamente una ruptura catastrófica o una pérdida total de continuidad.
La noción de sustitución simbólica merece una explicación preliminar. No se refiere a la simple sustitución de personas —el hecho obvio de que unas generaciones reemplazan a otras en el tiempo biológico—, sino a algo más complejo: la sustitución de los operadores simbólicos que organizan la vida colectiva. Las figuras de autoridad, los relatos fundacionales, los criterios de valor y de prestigio, las jerarquías de lo sagrado y lo profano: todos estos elementos son susceptibles de ser disputados, resignificados o reemplazados en el curso de un conflicto generacional profundo. Cuando una generación logra imponer su propia visión del mundo —sus propias figuras heroicas, sus propios valores, su propio lenguaje—, ha consumado una revolución simbólica , aunque no haya derramado una gota de sangre.
Esta hipótesis conduce a una conclusión teórica importante: si el conflicto generacional es estructural, entonces no puede ser eliminado , solo puede ser gestionado . Las sociedades que han intentado suprimir la dinámica generacional —ya sea a través del autoritarismo paternalista, del culto a la tradición o de la gerontocracia— no han logrado evitar el conflicto; simplemente lo han acumulado, desplazado y, en muchos casos, convertido en explosión violenta. Por el contrario, las sociedades que han desarrollado mecanismos institucionales para canalizar la energía crítica de las generaciones jóvenes —la educación liberal, la participación política, la renovación periódica de las élites culturales— han tendido a mostrar mayor resiliencia y capacidad de adaptación ante los desafíos históricos.
La hipótesis que orienta este ensayo puede formularse de la siguiente manera: el conflicto generacional no es un epifenómeno de la vida social, sino un proceso estructural de sustitución simbólica y renovación cultural . Con ello se quiere decir que la tensión entre generaciones cumple una función sistémica en las sociedades humanas: permite que los marcos de sentido, los valores dominantes y las formas de autoridad se renueven periódicamente sin que ello implique necesariamente una ruptura catastrófica o una pérdida total de continuidad.
La noción de sustitución simbólica merece una explicación preliminar. No se refiere a la simple sustitución de personas —el hecho obvio de que unas generaciones reemplazan a otras en el tiempo biológico—, sino a algo más complejo: la sustitución de los operadores simbólicos que organizan la vida colectiva. Las figuras de autoridad, los relatos fundacionales, los criterios de valor y de prestigio, las jerarquías de lo sagrado y lo profano: todos estos elementos son susceptibles de ser disputados, resignificados o reemplazados en el curso de un conflicto generacional profundo. Cuando una generación logra imponer su propia visión del mundo —sus propias figuras heroicas, sus propios valores, su propio lenguaje—, ha consumado una revolución simbólica , aunque no haya derramado una gota de sangre.
Esta hipótesis conduce a una conclusión teórica importante: si el conflicto generacional es estructural, entonces no puede ser eliminado , solo puede ser gestionado . Las sociedades que han intentado suprimir la dinámica generacional —ya sea a través del autoritarismo paternalista, del culto a la tradición o de la gerontocracia— no han logrado evitar el conflicto; simplemente lo han acumulado, desplazado y, en muchos casos, convertido en explosión violenta. Por el contrario, las sociedades que han desarrollado mecanismos institucionales para canalizar la energía crítica de las generaciones jóvenes —la educación liberal, la participación política, la renovación periódica de las élites culturales— han tendido a mostrar mayor resiliencia y capacidad de adaptación ante los desafíos históricos.


















