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Análisis de discurso: La historia, lo histórico y la historicidad
Coles
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Análisis de discurso: La historia, lo histórico y la historicidad in Vernon, BC
By None
Current price: $6.19
Original price: $6.79

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Gramsci (1999) estableció que el espíritu del Estado presupone una continuidad tanto hacia el pasado como hacia el futuro, por lo que su acción en el tiempo presente es un proceso complejo iniciado con anterioridad y proyectado hacia el futuro. Desde esta interpenetración de pasado, presente y futuro se define la historicidad de su existencia y la temporalidad de su ser (Palti, 2001). El reenvío simbólico entre pasado-presente-futuro o, lo que en términos gramscianos podría definirse como el respaldo a los viejos y la responsabilidad con los jóvenes, sitúa al Estado como un gesto de solidaridad que rompe con el espíritu individualista. En esta perspectiva, la forma del cambio no tienen una causa u origen único; por el contrario, es un proceso complejo que superpone diferentes causas y efectos esperados. En estos términos, la historia aparece como una entidad sobredeterminada cuya simplificación conduce a su desnaturalización y falseamiento. Para Gramsci, el cambio o la crisis tiene implicaciones de orden económico, político, cultural, ideológico, etc., y se objetiva mediante la lucha de clases. Por tanto, para comprender las transformaciones históricas es necesario poner en juego tres referentes óntico-ontológicos: 1) Que la historia es un proceso complejo; 2) Que este proceso inicia con el conflicto, la lucha, la guerra, y 3) Que la lucha tiene orígenes internos en los modelos de producción más que en hechos políticos y jurídicos que operan como soporte de dichos modelos. Las fuerzas vencedoras emergen como clases dirigentes, y con ello la historia se convierte en la historia de las clases hegemónicas. Cuando una clase observa que su posición se relaciona con los hechos constituidos por la clase dirigente, toma conciencia de su historicidad y reconoce que nada de lo que la identifica es natural sino que su existencia depende de determinadas condiciones. Por tanto, esas condiciones se vuelven la premisa de su acción, ya que, si ello se modifica, también habrá cambios en su posición como sujeto de la historia y en la identificación de sí misma.
Gramsci (1999) estableció que el espíritu del Estado presupone una continuidad tanto hacia el pasado como hacia el futuro, por lo que su acción en el tiempo presente es un proceso complejo iniciado con anterioridad y proyectado hacia el futuro. Desde esta interpenetración de pasado, presente y futuro se define la historicidad de su existencia y la temporalidad de su ser (Palti, 2001). El reenvío simbólico entre pasado-presente-futuro o, lo que en términos gramscianos podría definirse como el respaldo a los viejos y la responsabilidad con los jóvenes, sitúa al Estado como un gesto de solidaridad que rompe con el espíritu individualista. En esta perspectiva, la forma del cambio no tienen una causa u origen único; por el contrario, es un proceso complejo que superpone diferentes causas y efectos esperados. En estos términos, la historia aparece como una entidad sobredeterminada cuya simplificación conduce a su desnaturalización y falseamiento. Para Gramsci, el cambio o la crisis tiene implicaciones de orden económico, político, cultural, ideológico, etc., y se objetiva mediante la lucha de clases. Por tanto, para comprender las transformaciones históricas es necesario poner en juego tres referentes óntico-ontológicos: 1) Que la historia es un proceso complejo; 2) Que este proceso inicia con el conflicto, la lucha, la guerra, y 3) Que la lucha tiene orígenes internos en los modelos de producción más que en hechos políticos y jurídicos que operan como soporte de dichos modelos. Las fuerzas vencedoras emergen como clases dirigentes, y con ello la historia se convierte en la historia de las clases hegemónicas. Cuando una clase observa que su posición se relaciona con los hechos constituidos por la clase dirigente, toma conciencia de su historicidad y reconoce que nada de lo que la identifica es natural sino que su existencia depende de determinadas condiciones. Por tanto, esas condiciones se vuelven la premisa de su acción, ya que, si ello se modifica, también habrá cambios en su posición como sujeto de la historia y en la identificación de sí misma.


















